"EL HOMBRE SABE AMAR"
ESCUCHAME...
ESTOY ENAMORADO!
La brisa del olor de tu piel,
me envuelve el alma.
TE ABRAZO...
Y sentir tu cabeza en mi pecho,
me hace sentir danzar esta vida,
a tu lado.
ABRAZAME SIEMPRE MUJER!
Desde el corazón.
"ENVOLVERME"
Quiero envolverme en tu manto oscuro,
que mis largas noches tengan sentido en el abismo.
Esta vida no me basta,
quiero el sabor del alma.
En el infinito quiero reposar,
y abandonar esta cruel verdad que atrapa mi cuerpo.
Que el tiempo me desnude,
y desprenda de mi lo vacío,
como una vestidura viajando por los siglos.
Que mi nombre se disuelva,
en la hondura inmóvil de lo eterno.
quiero fundirme donde calla la materia,
donde la sangre olvida su frontera,
donde el pulso abandona su costumbre,
y el silencio se vuelve compañía.
Tal vez, en la noche encuentre mi origen,
tal vez en mi sombra nazca luz,
de aquello que he buscado por siempre,
sin saber que entre las cenizas habita por dentro.
Quiero tocar el fondo de lo inmenso,
dejar atrás la mascar del día,
y escuchar con atención la voz intensa de mi alma,
Aprendiendo al fin su propio idioma.
Si he de perderme, que sea en ese reino,
donde el abismo no devora, abraza,
donde toda caída es un regreso,
y toda ausencia se vuelve una morada.
Y cuando ya no pese la soledad de lo vivido,
cuando el miedo a echado sus raíces.
reposaré en el infinito intacto,
como quien al fin vuelve a la fuente,
a su verdadero origen.
"SABOREAR TU PLACER"
No me alcanzan las palabras
para describir mi éxtasis al saborear tu piel.
al deleitarme con tus besos,
y oler el aroma real de tu ser.
Pinceladas de tu cabello siento en mi rostro,
gozo al mirarte,
porque otro lenguaje florece en silencio,
se encienden mis latidos,
hasta volver mi calma una marea.
Elevas mi energía hasta ese borde,
donde el deseo deja de fingirse,
porque alma y cuerpo,
se funden en un temblor majestuoso.
Soy mujer de curvas e incendios,
de secretos en espera,
para ser descubiertos por ti.
Hay un idioma en tu mente, en tu alma,
que traducen tus manos y todo tu cuerpo,
Para recorrerme por varios caminos,
y habitarme con el máximo placer.
Saborear tu placer siempre haré,
por que eres fuego que no hiere,
llama que revela mis anhelos.
luz morada que eleva mi chacra,
a la máxima conexión.
Mi piel se vuelve territorio abierto,
un mapa donde dejas huella y señales,
disfruto saborearte y verte estremecer entre mis curvas,
mientras mi alma en silencio,
Pronuncia tu nombre.
"XINANTÉCATL"
Desde hace millones de años,
Xinantécatl mira la creación:
contempla el presente,
recuerda el pasado
y escucha, en silencio, el futuro.
Me habló de cuando el agua
se extendía más allá de sus montañas,
cuando los árboles conversaban con el viento,
las aves bebían de sus lagunas
y dejaban su canto sobre las piedras.
Con nostalgia, recuerda cuando se revestía
con una bella dama llamada Rosa de las Nieves,
mientras, por las noches,
el lobo gris aullaba a la luna
para enamorarla.
Quizá por eso recuerda el amor.
Me habló entonces de Xina,
el sacerdote que amó a Tenanche,
la diosa que no pudo corresponderle.
Dicen que su corazón se rompió
y que de su sangre nació la montaña.
Desde entonces,
Xinantécatl conoce el peso de una ausencia.
Con recelo, procura cuidar sus dos lagunas,
Sol y Luna,
como dos ojos abiertos
que todavía miran al cielo.
Recuerda los animales que caminaban por sus bosques,
sus huellas cubiertas por la nieve,
sin saber que algún día
serían las últimas.
Me susurró que hubo hombres
que sentían la tierra con sus manos,
que caminaban despacio
y encendían sus fogatas bajo las estrellas.
Después vio llegar las ciudades:
primero pequeñas,
después inmensas,
hasta que el horizonte se perdió
entre edificios y motores.
Xinantécatl vio crecer al hombre
sin preguntarle por qué.
Vio caer árboles que fueron refugio,
vio partir animales que nunca regresaron
y vio al agua entristecer
bajo el peso del olvido.
Ahora contempla una montaña casi desnuda,
pantallas que despiertan antes que el sol,
máquinas que hablan
y personas que ya no escuchan su silencio.
No los culpa.
Él también conoce el cambio.
Por eso guarda su tristeza
dentro de los pocos copos de nieve,
y deja que el viento la lleve
sin reproche.
Sabe que todo cambia.
Pero mientras permanezca,
guardará en sus entrañas
la memoria de lo que fuimos,
de lo que somos
y de aquello que todavía
podríamos llegar a ser.


